Categoría: Opinión
15 Abril 2007
A banderazo limpio (Koldo Unceta)
(Opinión)
El mundo de la política es bastante singular. Lo mismo puede servir para encauzar problemas existentes en el seno de la sociedad y encontrar soluciones a los mismos, que para crearlos allá donde no los hay o apenas tienen significación. En ocasiones, sirve también como magnífico decorado para despistar al personal y así obtener ventajas particulares apelando al interés general, o a los sentimientos colectivos. Cuando esto último sucede, uno de los símbolos que nunca suelen faltar en la escena son las banderas. Se puede cambiar el marco, sustituyendo la tribuna del Parlamento por el baño de multitudes en la calle; o el atuendo, alternando la seriedad del traje y la corbata de diario con la informalidad de los vaqueros y la cazadora durante los fines de semana; o incluso el lenguaje, según lo aconseje el interlocutor o la potencial repercusión mediática de las palabras. Sin embargo, hay algo que tarde o temprano, de manera aparentemente inevitable, siempre acaba apareciendo en escena: las banderas.
Para algunos, los nacionalistas -sean éstos vascos, españoles o de Kazajstán-, se trata de un elemento central en cualquier representación. No hay trama ni argumento que pueda evitar su presencia. Durante períodos más o menos largos, las banderas pueden llegar a confundirse con otros elementos del decorado. Pero, de cuando en cuando, su presencia se convierte en el núcleo central del guión. Como si se tratara del Tenorio, cuya representación se repite año tras año en torno al Día de Difuntos, también las banderas son, cada cierto tiempo, sacadas masivamente del armario y ondeadas al viento, coincidiendo por lo general con determinadas marcas del calendario: las elecciones. Y, así, de pronto, como sucede con los hooligans en los campos de fútbol, señores y señoras que parecían bastante recatados, fruncen el ceño, muestran sentirse indignados, y la emprenden a banderazos contra el resto.
Un ejemplo de la súbita e imperiosa necesidad de ondear banderas al viento es la actuación protagonizada recientemente por Esquerra Republicana, propia de un sainete de finales del siglo XIX cuando el llamado género chico y el teatro por horas fueron utilizados para abaratar el coste de las localidades e intentar así atraer a sectores más amplios de la población. Tras la renovación del tripartito catalán, una vez superado el trance electoral, parecía que las aguas habían vuelto a su cauce, y que la gestión de lo cotidiano iba a presidir la acción del Gobierno autónomo. Lo cierto es que en los últimos meses no habíamos tenido noticia de la existencia de nuevas urgencias identitarias, ni había trascendido ninguna manifestación de preocupación generalizada en ese sentido. Nada parecía indicar que los catalanes hubieran perdido de pronto el sueño y sufrieran un ataque colectivo de ansiedad patriótica. Sin embargo, un tal Vendrell se levanta un día de la cama, saca la bandera, y establece como prioridad política algo de lo que nadie hablaba la víspera, hasta el punto de plantear un cambio de gobierno si no se le atiende.
Aquí en el paisito estamos ya curados de espanto de tanto como nos hemos zurrado a banderazos, con el agravante de que algunos esconden pistolas y bombas bajo los colores de la enseña patria. Pero también el país grande ha sido escenario, durante los últimos tiempos, del afán de algunos por desatar pasiones y liarse a golpes con las banderas, a falta de mejores argumentos. Pero la utilidad de las mismas no se limita a la lucha por mayores cotas de poder político, pudiendo prestar también interesantes servicios en el mundo de los negocios. Mucho más, por supuesto, cuando ambos objetivos van de la mano y se complementan mutuamente, dando lugar a lo que Stiglitz ha calificado como capitalismo de amiguetes. Bush, por ejemplo, ha demostrado la doble utilidad de las banderas: para mantenerse en el poder, y para hacer negocios.
En este contexto, la invocación del interés nacional para favorecer unas opciones frente a otras en el caso Endesa -tentación a la que finalmente parecen no haber podido sucumbir algunos sectores gubernamentales- resulta tan conmovedora como las que apelan al mercado para defender el control de la empresa por parte de sus amigos del Gobierno de Baviera, a la espera, probablemente, de una generosa financiación en próximos compromisos electorales. Lo dicho, a banderazo limpio
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15 Abril 2007
Inexplicable (Juan José Millás)
(Opinión)
A punto ya de salir de viaje, descubrí una pequeña fuga de agua en el cuarto de baño, detrás del lavabo. Tras observar la cadencia del goteo, pensé que si colocaba debajo de la tubería un vaso, a mi vuelta no estaría lleno. Pero me inquietaba la idea de salir de casa sin dejarlo todo en perfectas condiciones. La alternativa de cerrar la llave de paso significaba clausurar el riego automático y condenar a muerte a las plantas de la terraza, que son mi compañía más fiel. Probé a sofocar la hemorragia con un poco de cera primero y luego con una cinta aislante especial, pero la presión del agua acababa venciendo todas las resistencias. Finalmente coloqué un recipiente de cocina algo mayor que un vaso, para prevenir una crecida, y, poseído por un malestar inexplicable, me fui al aeropuerto, donde tomé el avión cargado de presagios funestos.
Estuve fuera de casa una semana, sin tiempo para darme a la melancolía, a la que soy propenso, pues tenía reuniones de trabajo desde la mañana hasta la noche. Sin embargo, de vez en cuando, en medio de una comida, me acordaba de la gota de agua y la sentía caer dentro de mí. Unas veces me daba la impresión de que la fuga se producía en el paladar y así, mientras fingía prestar atención a mis interlocutores, sentía un goteo de saliva, procedente de esa bóveda orgánica, sobre la superficie de mi lengua. En otras ocasiones, encontrándome en la cama del hotel, me despertaba una sensación de ahogo, como si se me estuvieran inundando los pulmones debido a la rotura de una arteria. Me incorporaba angustiado e imaginaba la fuga de agua del cuarto de baño, viviéndola como una enfermedad moral por la que no podía hacer nada.
El último día del viaje me estuvo goteando el ojo izquierdo de manera continua. Empapé cuatro pañuelos de papel antes de subir al avión, donde, quizá por la sequedad ambiental, cesó el flujo. Abrí la puerta de casa con el corazón en la garganta, temiéndome lo peor, y corrí al cuarto de baño, donde comprobé con estupor que la fuga se había arreglado sola, de manera espontánea. Sorprendentemente, no sentí alivio alguno. No había agua, de acuerdo, pero ¿y mi malestar? ¿Qué era aquello que continuaba goteando dentro de mí?
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6 Abril 2007
La internacionalización del genocidio (Fidel Castro Ruz)
(Opinión)
La reunión de Camp David acaba de concluir. Todos escuchamos con interés la conferencia de prensa de los Presidentes de los Estados Unidos y Brasil, así como las noticias en torno a la reunión y las opiniones vertidas.
Enfrentado Bush a las demandas de su visitante brasileño sobre tarifas arancelarias y subsidios, que protegen y apoyan la producción norteamericana de etanol, no hizo en Camp David la más mínima concesión.
El presidente Lula atribuyó a esto el encarecimiento del maíz, que de acuerdo con sus palabras se había elevado en más de un 85 por ciento.
Ya antes, el periódico The Washington Post publicó el artículo de la máxima autoridad de Brasil, donde expuso la idea de convertir los alimentos en combustible.
No es mi intención lastimar a Brasil, ni mezclarme en asuntos relacionados con la política interna de ese gran país. Fue precisamente en Río de Janeiro, sede de la Reunión Internacional sobre el Medio Ambiente, hace exactamente 15 años, donde denuncié con vehemencia, en un discurso de 7 minutos los peligros medioambientales que amenazaban la existencia de nuestra especie. En aquella reunión estaba presente Bush padre como presidente de Estados Unidos, que en gesto de cortesía aplaudió aquellas palabras, igual que todos los demás presidentes.
Nadie en Camp David ha respondido a la cuestión fundamental. ¿Dónde y quiénes van a suministrar los más de 500 millones de toneladas de maíz y otros cereales que Estados Unidos, Europa y los países ricos necesitan para producir la cantidad de galones de etanol que las grandes empresas norteamericanas y de otros países exigen como contrapartida de sus cuantiosas inversiones? ¿Dónde y quiénes van a producir la soya, las semillas de girasol y colza, cuyos aceites esenciales esos mismos países ricos van a convertir en combustible?
Un número de países producen y exportan sus excedentes de alimentos. El balance entre exportadores y consumidores era ya tenso, disparando los precios de los mismos. En aras de la brevedad, no me queda otra alternativa que limitarme a señalar lo siguiente:
Los cinco principales productores de maíz, cebada, sorgo, centeno, mijo y avena que Bush quiere convertir en materia prima para producir etanol, suministran al mercado mundial, según datos recientes, 679 millones de toneladas. A su vez, los cinco principales consumidores, algunos de los cuales son también productores de estos granos, necesitan actualmente 604 millones de toneladas anuales. El excedente disponible se reduce a menos de 80 millones de toneladas.
Este colosal derroche de cereales para producir combustible, sin incluir las semillas oleaginosas, solo serviría para ahorrarles a los países ricos menos del 15 por ciento del consumo anual de sus voraces automóviles.
Bush en Camp David ha declarado su intención de aplicar esta fórmula a nivel mundial, lo cual no significa otra cosa que la internacionalización del genocidio.
El Presidente de Brasil, en su mensaje publicado por The Washington Post, víspera del encuentro en Camp David, afirmó que menos del uno por ciento de la tierra cultivable brasileña se dedica a la caña para producir etanol. Esa superficie es casi el triple que la que se empleaba en Cuba cuando se producían casi 10 millones de toneladas de azúcar, antes de la crisis de la URSS y del cambio climático.
Nuestro país lleva más tiempo produciendo y exportando azúcar, primero a base del trabajo de los esclavos, que llegaron a sumar más de 300 mil en los primeros años del siglo XIX y convirtieron la colonia española en el primer exportador del mundo. Casi cien años después, a principios del siglo XX, en la república mediatizada, cuya independencia plena frustró la intervención norteamericana, solo inmigrantes antillanos y cubanos analfabetos cargaban el peso del cultivo y el corte de la caña. La tragedia de nuestro pueblo era el llamado tiempo muerto, por el carácter cíclico de este cultivo. Las tierras cañeras eran propiedad de empresas norteamericanas o de grandes terratenientes de origen cubano. Hemos acumulado, por tanto, más experiencia que nadie sobre el efecto social de ese cultivo.
El pasado domingo primero de abril, la CNN informaba la opinión de especialistas brasileños, quienes afirman que muchas de las tierras dedicadas al cultivo de la caña han sido adquiridas por norteamericanos y europeos ricos.
En mis reflexiones publicadas el 29 de marzo expliqué los efectos del cambio climático en Cuba, a lo que se añaden otras características tradicionales de nuestro clima.
En nuestra isla, pobre y lejos del consumismo, no habría siquiera personal suficiente para soportar los duros rigores del cultivo y la atención a los cañaverales en medio del calor, las lluvias, o las sequías crecientes. Cuando azotan los ciclones, ni siquiera las máquinas más perfectas pueden cosechar las cañas acostadas y retorcidas. Durante siglos no se acostumbraba a quemarlas, ni el suelo se compactaba bajo el peso de complejas máquinas y enormes camiones; los fertilizantes nitrogenados, potásicos y fosfóricos, hoy costosísimos, ni siquiera existían, y los meses secos y húmedos se alternaban regularmente. En la agricultura moderna no hay rendimientos elevados posibles sin rotación de cultivos.
La Agencia Francesa de Prensa transmitió el domingo primero de abril informaciones preocupantes sobre el cambio climático, que expertos reunidos por Naciones Unidas consideran algo ya inevitable y de graves consecuencias en las próximas décadas.
"El cambio climático afectará al continente americano de forma importante, al generar más tormentas violentas y olas de calor, que en Latinoamérica provocarán sequías, con extinción de especies e incluso hambre, según el informe de la ONU que debe aprobarse la próxima semana en Bruselas.
"Al final del actual siglo, cada hemisferio sufrirá problemas de agua y, si los gobiernos no toman medidas, el aumento de temperaturas podría incrementar los riesgos de ‘mortalidad, contaminación, catástrofes naturales y enfermedades infecciosas’, advierte el Grupo Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC).
"En Latinoamérica, el calentamiento ya está derritiendo los glaciares de los Andes y amenaza al bosque del Amazonas, cuyo perímetro se puede ir convirtiendo en una sabana", continúa afirmando el cable.
"A causa de la gran cantidad de población que vive cerca de las costas, Estados Unidos también se expone a fenómenos naturales extremos, como demostró el huracán Katrina el año 2005."
"Este es el segundo informe del IPCC de una serie de tres, que se abrió el pasado febrero con una primera diagnosis científica donde se establecía la certeza del cambio climático."
"En esta segunda entrega de 1 400 páginas, en la que se analiza el cambio por sectores y regiones y del que la AFP ha obtenido una copia, se considera que, aunque se tomen medidas radicales para reducir las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera, el aumento de temperaturas en todo el planeta en las próximas décadas ya es seguro", concluye la información de la agencia francesa de noticias.
Como era de esperar, Dan Fisk, asesor de Seguridad Nacional para la región, declaró el propio día de la reunión de Camp David que "en la discusión de asuntos regionales, el tema de Cuba sería uno de ellos y no precisamente para abordar el tema del etanol —sobre el cual el Presidente convaleciente Fidel Castro escribió un artículo el jueves— sino sobre el hambre que ha creado en el pueblo cubano".
Por la necesidad de dar respuesta a este caballero, me veo en el deber de recordarle que el índice de mortalidad infantil en Cuba es menor que el de Estados Unidos. Puede asegurarse que no existe ciudadano alguno sin asistencia médica gratuita. Todo el mundo estudia y nadie carece de oferta de trabajo útil, a pesar de casi medio siglo de bloqueo económico y el intento de los gobiernos de los Estados Unidos de rendir por hambre y asfixia económica al pueblo cubano.
China jamás emplearía una sola tonelada de cereales o de leguminosas para producir etanol. Se trata de una nación de economía próspera que bate récords de crecimiento, donde ningún ciudadano deja de recibir los ingresos necesarios para bienes esenciales de consumo, a pesar de que un 48 por ciento de su población, que supera los 1 300 millones de habitantes, trabaja en la agricultura. Por el contrario, se ha propuesto hacer considerables ahorros de energía eliminando miles de fábricas que consumen cifras inaceptables de electricidad e hidrocarburos. Muchos de los alimentos mencionados los importa desde cualquier rincón del mundo después de transportarlos miles de kilómetros.
Decenas y decenas de países no producen hidrocarburos y no pueden producir maíz y otros granos, ni semillas oleaginosas, porque el agua no les alcanza ni para cubrir sus necesidades más elementales.
En una reunión convocada en Buenos Aires por la Cámara de la Industria Aceitera y el Centro de Exportadores sobre la producción de etanol, el holandés Loek Boonekamp, director de Mercados y Comercio Agrícola de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE), declaró a la prensa que:
"Los gobiernos se entusiasmaron mucho; deberían tener una mirada fría acerca de si debe haber apoyo tan robusto al etanol.
"La producción de etanol solo es viable en Estados Unidos; en ningún otro país, salvo que se apliquen subsidios.
"Esto no es maná del cielo y no nos tenemos que comprometer ciegamente", prosigue el cable.
"Hoy los países desarrollados impulsan que los combustibles fósiles sean mezclados con biocombustibles en cerca del 5 por ciento y eso ya presiona los precios agrícolas. Si ese corte se elevara a 10 por ciento, se necesitaría 30 por ciento de la superficie sembrada en Estados Unidos y 50 por ciento de la de Europa. Por eso pregunto si esto es sustentable. El aumento de la demanda de cultivos para etanol producirá precios más altos e inestables."
Las medidas proteccionistas se elevan hoy a 54 centavos por galón y los subsidios reales alcanzan cifras mucho más altas.
Aplicando la sencilla aritmética que aprendimos en el preuniversitario, se comprobaría que el simple cambio de los bombillos incandescentes por fluorescentes, como expresé en mi reflexión anterior, aportaría un ahorro de inversión y de recursos energéticos equivalente a millones de millones de dólares, sin utilizar una sola hectárea de tierra agrícola.
Mientras tanto, noticias públicas procedentes de Washington afirman textualmente a través de la AP:
"La misteriosa desaparición de millones de abejas en todo Estados Unidos tiene a los apicultores al borde del ataque de nervios y preocupa incluso al Congreso, que debatirá este jueves la crítica situación de un insecto clave para el sector agrícola.
"Las primeras señales serias de este enigma surgieron poco después de las Navidades en el estado de la Florida, cuando los apicultores se encontraron con que las abejas se habían esfumado.
"Desde entonces, el síndrome que los expertos han bautizado como Problema del Colapso de las Colonias (CCD, por sus siglas en inglés), ha mermado en un 25 por ciento los enjambres del país.
"Hemos perdido más de medio millón de colonias, con una población de alrededor de 50 mil abejas cada una, dijo Daniel Weaver, presidente de la Federación Estadounidense de Apicultores, quien apuntó que el mal afecta a unos 30 de los 50 estados del país. Lo curioso del fenómeno es que en muchos casos no se encuentran restos mortales.
"Los laboriosos insectos polinizan cultivos valorados entre 12 mil y 14 mil millones de dólares, según un estudio de la Universidad de Cornell.
"Los científicos barajan todo tipo de hipótesis, entre ellas la de que algún pesticida haya provocado daños neurológicos a las abejas y alterado su sentido de la orientación. Otros culpan a la sequía, e incluso a las ondas de los teléfonos móviles, pero lo cierto es que nadie sabe a ciencia cierta cuál es el verdadero desencadenante."
Lo peor puede estar por venir: una nueva guerra para asegurar los suministros de gas y petróleo, que coloque la especie humana al borde del holocausto total.
Hay órganos de prensa rusos que, invocando fuentes de inteligencia, han informado que la guerra contra Irán viene siendo preparada en todos sus detalles desde hace más de tres años, el día en que el gobierno de Estados Unidos decidió ocupar totalmente Iraq, desatando una interminable y odiosa guerra civil.
Mientras tanto, el gobierno de Estados Unidos destina cientos de miles de millones al desarrollo de armas de tecnología altamente sofisticada, como las que utilizan sistemas microelectrónicos, o nuevas armas nucleares que podrían estar sobre los objetivos una hora después de recibir la orden.
Estados Unidos ignora olímpicamente que la opinión mundial está contra todo tipo de armas nucleares.
Demoler hasta la última fábrica iraní es una tarea técnica relativamente fácil para un poder como el de Estados Unidos. Lo difícil puede venir después, si una nueva guerra se desata contra otra creencia musulmana que merece todo nuestro respeto, al igual que las demás religiones de los pueblos del Cercano, Mediano o Lejano Oriente, anteriores o posteriores al cristianismo.
El arresto de los soldados ingleses en aguas jurisdiccionales de Irán parece una provocación exactamente igual a la de los llamados "Hermanos al Rescate", cuando violando las órdenes del presidente Clinton avanzaban sobre las aguas de nuestra jurisdicción y la acción defensiva de Cuba, absolutamente legítima, sirvió de pretexto al gobierno de Estados Unidos para promulgar la famosa Ley Helms-Burton, que viola la soberanía de otros países. Poderosos medios masivos de publicidad han sepultado en el olvido aquel episodio. No son pocos los que atribuyen el precio del petróleo de casi 70 dólares por barril, alcanzado el lunes, a los temores de un ataque a Irán.
¿De dónde sacarán los países pobres del Tercer Mundo los recursos mínimos para sobrevivir?
No exagero ni uso palabras desmesuradas, me atengo a los hechos.
Como puede observarse, son muchas las caras oscuras del poliedro.
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3 Abril 2007
Abolición de la Esclavitud y Liberación Animal (Fabiola Leyton)
(Opinión)
El 2007 se cumplirán 200 años de la firma de la primera acta que marca el comienzo del fin de la esclavitud: el 24 de marzo de 1807, el parlamento inglés firmó por el fin del comercio de esclavos en sus colonias. Hoy, tras 200 años, hemos visto caer la esclavitud colonial de los negros, pero el problema persiste, disfrazado como trabajo infantil, mano de obra inmigrante barata, comercio sexual de mujeres... En este escenario, pensar la liberación animal es complejo, pero no imposible, si somos capaces de ver la real conexión existente entre la esclavitud humana y la esclavitud a la que son sometidos los animales en las diferentes áreas de producción.
Esclavo según la RAE es "una persona que carece de libertad por estar bajo el dominio de otra". El régimen de propiedad que tenían y bajo el que vivían los esclavos al ser considerados una "cosa" u "objeto" determinó la total y sistemática violación de sus derechos más fundamentales. Cuan objetos eran secuestrados de su tierra y llevados allende el océano, en torturantes y calamitosos viajes por mar que terminaban diezmándolos por el hacinamiento, las pésimas condiciones higiénicas y las enfermedades.
Según un dossier dedicado a la esclavitud publicado por la BBC:
En un periodo de 300 años, más de 10 millones de personas fueron tomadas y transportadas desde África hacia América para trabajar en las haciendas coloniales. Se calcula que al menos dos millones de ellas murieron de hambre, hacinamiento o enfermedad durante esa travesía.
Asimismo tratamos hoy en día a los animales no humanos, esclavizándolos y sometiéndolos al maltrato derivado de su condición inferior de "cosa" u "objeto", a merced de la total y absoluta potestad de su "dueño", que puede hacer con ellos lo que les plazca. De esta manera, los esclavizamos, nos adueñamos de ellos, los compramos cuando nos da el capricho y asimismo los abandonamos cuando están viejos, enfermos o nos aburren; los torturamos, los sacamos del campo para encerrarlos, engordarlos en tiempo récord, matarlos y comérnoslos; los perseguimos y los secuestramos de su hábitat -de sus comunidades, de sus familias- para encerrarlos y sacarles su piel, para vender sus órganos, para experimentar sustancias en ellos, para mirarlos "cómo son de bonitos, cómo son de salvajes"- condenándolos a una vida de miseria, dolor y cautiverio.
Esos esclavos no humanos, tienen tanto en común con los esclavos humanos, que los único que los diferencia es que mientras éstos pueden hablar un idioma comprensible para el ser humano; aquellos no pueden verbalizar, pero si que nos dan muestras de su dolor: mugen, gruñen, lloran, se automutilan, se dejan morir de sed o hambre; se resisten a los malos tratos, gritos, insultos y golpes de sus cuidadores, a la cuchilla del matarife, a la inyección del investigador, a la celda del zoo o del circo...
Pensar en los motivos que llevaron a la abolición de la esclavitud es evidenciar el avance ético moral de la sociedad que fue capaz de mirar la aberración de la esclavitud y decir ¡basta!: los seres a que esclavizamos son personas como nosotros, dignos de respeto en virtud de su humanidad, sensibles al dolor y sufrientes por su cautividad. Pensar en este mismo motivo y desear el advenimiento de una nueva fase en que la sociedad avance ética y moralmente; es por lo que estamos inspirados y trabajamos concretamente para conseguir el reconocimiento de los animales no humanos: ellos también sufren, también sienten y son dignos de consideración moral no sólo porque sienten -ni por cuánto se parecen a nosotros los animales humanos-. Ellos merecen respeto y consideración en virtud de su existencia como seres autónomos, completamente conectados en su animalidad con la naturaleza. Ellos desean vivir su vida de la mejor manera posible; y el estatus de propiedad que -como el esclavista- les conferimos, deberá caer algún día por el peso de sus circunstancias.
No podemos sostener la economía, la ciencia, la cultura, en una sistemática y persistente violación de los derechos animales. Tal como un día se abolió la esclavitud, se abolirá también la propiedad de los animales humanos sobre los animales no humanos. Y por eso estamos trabajando...
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2 Abril 2007
Cuba como recurso insoportable (Carlos Carnicero)
(Opinión)
Como Miguel Ángel Moratinos está de visita oficial en La Habana, se ha constituido la excusa perfecta para que el PP, y muy en concreto un aspirante a dirigente que se llama Jorge Moragas, nos den la tabarra durante unos cuantos días con el tema recurrente del sistema político cubano. Es una pena que Moragas y los demás no se hayan percatado todavía que en la bahía Guantánamo, territorio cubano bajo dominación norteamericana, existe un campo de concentración al margen de los derechos humanos, de las leyes internacionales e, incluso, del sistema penal norteamericano, que fue visitado por policías enviados por el Gobierno de José María Aznar para participar subrepticiamente en los interrogatorios de quienes allí están secuestrados. Solo es un problema de doble moral porque los derechos humanos son en ocasiones solo munición para el ataque político y no elemento esencial y universal de las propias convicciones.
Cuba es objeto de deseo en la confrontación nacional porque también tiene los ingredientes esenciales para que el odio sea rentable: Cuba es algo próximo, muy próximo; simboliza la nostalgia que encierra toda pérdida de lo que se consideraba propio y, además, sus factores ideológicos proporcionan la coartada perfecta para el ensañamiento civil entre ciudadanos de un país que no terminan de soportarse.
Tengo una muy especial relación con Cuba, que es mi segunda casa o quizá mi primera patria, ya que España se niega sistemáticamente a permitirme interiorizarla como tal. Digo esto porque envidio estos días a los franceses de izquierda que por lo menos discuten el derecho que tienen -y también la obligación o al menos la conveniencia- de envolverse en su vieja y republicana bandera tricolor para salvarla del secuestro que hace de ella la derecha xenófoba, racista e impertinente. Nosotros, en España, también utilizamos la bandera nacional como instrumento de diferencia y la derecha, que es mucho más astuta que la izquierda, ya se la ha robado al conjunto de los españoles para hacerla exclusiva mientras la izquierda rebusca banderas republicanas en los baúles de la memoria recompuesta para una monarquía que no termina de interiorizar.
Cuba simplifica la adaptación de mis emociones porque la bandera nacional lo es para todos los cubanos: para los de fuera y para los de dentro con excepción de los que han elegido ser norteamericanos por conveniencia. En Cuba oigo el himno nacional y veo izar la bandera y no siento amenaza sino proximidad porque tengo la certeza de que dentro de veinte años seguirán las cosas igual si el enemigo, que siempre es exterior, no progresa.
Cuba me proporciona dolores de cabeza porque tiene mi voluntad atormentada por la indecente injerencia norteamericana, que es la excusa o razón que esgrime el régimen cubano para la situación de guerra en la que las libertades de sus ciudadanos son instrumento de la defensa nacional.
Ahora parece que Fidel Castro se recupera de una gravísima enfermedad que le hizo delegar y traspasar sus poderes a su hermano Raúl que está haciendo un esfuerzo de institucionalización y ordenación del país: el requisito imprescindible para cualquier transformación.
Sumergida Cuba en una situación de cierta excepcionalidad, parece razonable que España se desplace simbólicamente a La Habana, no para provocar confrontaciones, sino para ofrecer colaboración. Ocurre que, por los menos, da la sensación de que al PP no le interesan los cubanos sino como munición para erosionar al gobierno. Es algo parecido a lo que sucede con el terrorismo. Cuba y ETA forman parte del universo que estrella el PP contra el Gobierno sin que se pueda percibir ninguna apuesta por la desaparición de ETA ni por la transformación de Cuba. En este asunto, el partido de Mariano Rajoy y los lobbies cubanos de La Florida necesitan a Fidel Castro y no les interesa su desaparición porque forman parte de la coartada de sus recursos dialécticos.
Miguel Ángel Moratinos viaja a La Habana para decir que la vieja metrópoli está en disposición de colaborar en la creación de una situación que permita a los cubanos decidir por sí mismos. Es un mensaje en dos direcciones: para el Gobierno cubano pero también para el norteamericano, que deberían empezar a interiorizar que los tiempos en los que sus injerencias en Latinoamérica y el Caribe eran posibles están ya en las páginas de la historia.
Tal vez si Moragas se mirase una mañana en el espejo y repitiese despacio, como para aprender a pronunciarlo: “Estados Unidos no puede decidir el futuro de los cubanos”, poco a poco podríamos soportar sus diatribas antiguas, de la época de la Guerra Fría. Hoy, sin ese requisito tan sencillo frente al espejo, el viejo discurso del PP resulta sencillamente agotador.
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31 Marzo 2007
La manifestación del 10 de marzo (Blas Piñar)
(Opinión)
Los que han pretendido minimizar el éxito de la manifestación del pasado 10 de marzo han pretendido lo imposible. La concurrencia fue multitudinaria, y quienes llenaron plazas y calles de Madrid no eran sólo de Madrid, sino que procedían, y de algún modo representaban, a una gran parte del pueblo español. Despreciar o silenciar la manifestación, así como considerar objetivamente el por qué y el para qué de la misma, constituye, a mi modo de ver, un error político por parte de quienes, en el poder, así se comportan; como igualmente lo sería por el partido convocante ignorar el significado político de la extraordinaria manifestación, puesto de relieve en el transcurso pacífico, pero fervoroso de la misma, y en lo que se dijo a su término en la Plaza de Colón.
Me creo obligado por varias razones, que estimo innecesario mencionar, decir algo sobre el por qué y el para qué del clamor unánime de quienes, haciendo uso de un derecho constitucional, se reunieron en la vía pública para dar a conocer su punto de vista en un momento de crisis nacional profunda.
Quiero, antes de ofrecer mi opinión, recordar que hace años, aunque después de la Transición, Jaime Campmany, ya fallecido, que de la Falange y la dirección de Arriba pasó al liberalismo y a la dirección de Época, arremetía contra Fuerza Nueva por convocar y llevar a cabo manifestaciones, de las que se daba noticia en los medios de comunicación, por estimar que era en el Parlamento y no en la calle donde la democracia auténtica tiene vitalidad. Este argumento -es curioso- se utiliza ahora por quienes detentan el poder, se inquietan y ponen nerviosos, al contemplar las multitudes congregadas para criticarlos.
Lo que no se advierte, y si se advierte se oculta, es que cuando con tanta frecuencia hay que acudir a la calle en una Democracia, es porque en el Parlamento, en el que reside -según se proclama- la soberanía nacional, hay "cordones sanitarios" que obstaculizan la libertad de expresión.
El recurso a las manifestaciones por parte de los partidos del Sistema convocantes de las mismas, directamente o a través de intermediarios, o uniéndose a ellas, lo han puesto en práctica los dos partidos principales, y por ello también el hoy criticante de las mismas, es decir, el PSOE. Basta traer a la memoria las que tuvieron lugar cuando la tragedia del Prestige, sin olvidar las concentraciones ante las sedes del PP en la jornada de reflexión que precedía a las últimas elecciones generales.
La manifestación que ahora nos ocupa, la del 10 de marzo, tiene, para mí, unas dimensiones que escapan a las previstas por el partido convocante, y que no corresponden tan solo al para qué de la convocatoria, es decir, la protesta por la excarcelación de un sanguinario terrorista, que, amenazando con una huelga de hambre, consigue doblegar al equipo que gobierna, sino que, asumiendo ese para qué, aprovecha la oportunidad que se le ofrece, dando a conocer su preocupación, indignación y rechazo a la política de un Sistema, que, desde su puesta en marcha hasta el día de hoy, hace lo posible e imposible -y lo hemos dicho muchas veces- para que España pierda su identidad histórica, para que en el pueblo se debilite la conciencia nacional y para que el español acabe por no reconocerse a sí mismo.
En esta vertiente, el objetivo concreto de la manifestación fue desbordado, porque a la misma, como el PP reconoció después de celebrada, acudieron infinidad de españoles, no porque fueran militantes, votantes o simpatizantes del PP, sino movidos por su amor a España. Y esto es algo positivo y que es necesario destacar, y por dos razones: la primera porque, aún cuando la táctica del Sistema haya sido la de enfriar el patriotismo, "aburguesar" a nuestra gente y adormecer a la juventud con la pornografía y el "botellón", no lo ha conseguido del todo; y la segunda, porque con agradable sorpresa hemos visto en la calle cómo perdura, a pesar de todo, un amor a la Patria, posiblemente más instintivo que intelectual, pero que es una esperanza, y una base para construir sobre lo emotivo, como diría José Antonio, lo racional, sobre el instinto, que avisa, la virtud que permanece e incita a la perseverancia y al combate sacrificado y organizado por la causa.
Las banderas de España, que no aparecían o habían ido desapareciendo en los actos del PP, se multiplicaron por millares, ondeando al soplo de la brisa. El rojo y el amarillo, la sangre y oro de la enseña nacional superaban con creces a otros emblemas respetables, o no respetables, como las ikurriñas, incompatibles con la manifestación, toda vez que quienes protestan y rechazan el terrorismo no pueden enarbolar, ni llevar apaisada, ni emparejar en sombrillas, la bandera española con la bandera que con enorme profusión cubre la presencia en público de los terroristas. Lo lamentable es que el servicio de seguridad del PP retiraba la banderas llamadas indebidamente inconstitucionales, dejando que desfilaran -aunque fueran pocas- las que se exhiben todos los días impunemente por los que simpatizan con los asesinos, y queman, sin que pase nada, la enseña nacional.
Atención merece también el contenido de las numerosas pancartas, en las que no sólo se aludía a De Juana Chaos, sino al jefe del Gobierno, a su política negociadora con Batasuna, a las víctimas del terrorismo y a la unidad de España. Este desbordamiento del objetivo principal del acto, previsto o no previsto por los convocantes, dio motivo a dos cosas que debemos subrayar, a saber: al Himno nacional, que lo cerró y al ¡Viva España! con que terminó su discurso el señor Rajoy. No había sucedido nunca, que yo sepa. Un encendido amor a España, sin titubeos, sin vacilaciones, caldeó el ambiente, y hasta se oyeron, cantadas, algunas de las estrofas de la letra que para ese himno compuso José María Pemán. ¡Cuántos recuerdos me trajo esta escena, que parecía archivada por los que quieren, desmemoriando, escribir la memoria histórica!.
Esta gratísima realidad -aunque solo fuera momentánea- me movió a preguntarme si para el partido convocante no era útil, desde el punto de vista electoral, y ante los millares de banderas españolas presentes en la manifestación, pronunciarse de forma que pudiera conservar o atraer el voto de la multitud que así mostraba su españolismo, y que en su mayor parte integraba el engañado franquismo sociológico, que apoyó la Reforma política y que nos condujo a un Sistema antifranquista que está deshaciendo a España.
España, dijo Rajoy, y repetía después Mayor Oreja, es una gran nación. Si es así, no se comprende que el Parido Popular defienda apasionada y reiteradamente un patriotismo constitucional, cuando España, a partir de la Constitución, se ha debilitado, ya que, aparte de admitir "nacionalidades" en su seno -lo que implica un tratamiento territorial injusto- ha entregado parcelas importantes de poder a gobiernos autónomos, de los que forman parte quienes a diario piden la ruptura de la nación española, y utilizan, para lograrlo, el poder que con enorme frivolidad se les cedió.
Por supuesto, que yo no he votado nunca ni al Partido Popular, ni a sus antecesores ideológicos, coautores de la Constitución de 6 de diciembre de 1978, ni compartí la consigna a su favor, más o menos velada, de casi todos los obispos, que no encontraron en el texto de la misma nada que, por motivos morales o religiosos, impidiera votarla. ¡Qué equivocación y qué responsabilidad! Al amparo de ese texto, el Sistema y los partidos que lo sostienen nos han traído la cultura de la muerte. No voy a enumerar los ataques de todo género a la vida y a la familia, pues todos los conocen. Me limito a la eutanasia occisiva, que se ha practicado en Granada. Y no quiero, tampoco, y desde otro punto de vista, mostrar las fotos pornosacrílegas expuestas en dos comunidades autónomas gobernadas por el PP, y que se reproducen en un libro editado, con dinero oficial, en Extremadura, donde gobierna el PSOE.
Me preocupa, pues, que el PP, con los medios poderosos de comunicación que tiene a su alcance, y con la política de reducir al silencio a quienes pensamos de otro modo, nos haga imposible probar que gracias a la coparticipación de este partido, y a la de sus predecesores ideológicos, nos encontremos con esta angustiosa situación, en la que, por ejemplo, Navarra, si leemos la Disposición Transitoria 4ª de la Constitución, puede incorporarse al País Vasco.
No quiero dar por finalizado este artículo, para responder a quienes, por ingenuidad y, sin duda, con buena intención, nos acusan de dividir de cara a las elecciones. No es cierto; en primer lugar, porque sólo se divide lo que está unido (y, por cierto, no es éste el caso); en segundo lugar, porque para que dos se unan, como ocurre con el matrimonio, es preciso que ambos pronuncien un "Sí", y desde que Fraga escribió en ABC (16 de enero de 1979) un artículo que tituló La Derecha posible, fuimos radicalmente excluidos de antemano; en tercer lugar, porque jamás los dirigentes del PP o de sus antecesores ideológicos han tenido contacto con quien esto escribe. Ni siquiera, por curiosidad, han querido saber, en directo y personalmente, cómo pensamos y cuál era y es nuestra táctica, de tal forma que, por referirme ahora en exclusiva al PP, yo no conozco a ninguno de los que han gobernado o están al frente del mismo; y en cuarto lugar, se trata de dos anécdotas sintomáticas, elegidas entre muchas: cuando a la esposa de un ex ministro del PP se le entregaba una hoja de propaganda de Alternativa Española, al leerla, respondió así: "Me repugna ese partido"; y cuando un nieto mío, a la presidenta de una Comunidad autónoma, en la que hay un gobierno monocolor del PP, le hablaba de Alternativa Española, dicha presidenta, con cara de malas pulgas, le dijo con tono despectivo que ése era un partido fascista, que yo había fundado; lo que no es cierto, aunque es verdad que cuenta con mi simpatía y con mi apoyo, y en el que figuro como militante.
P. D. Me defraudaron varias cosas con respecto a la manifestación de Pamplona del 17 de marzo. Destaco solo las siguientes:
Que dos días antes, el 15, el Ayuntamiento de la ciudad, con la abstención de la Unión del Pueblo Navarro retiró a Franco el título de hijo adoptivo y predilecto de Pamplona.
Que la policía foral retirase de la manifestación seis banderas de Navarra, con la laureada, de las que eran portadores militantes y simpatizantes de Alternativa Española.
Que al término de la manifestación no se oyera el Himno Nacional ni, desde la tribuna, se gritase un ¡Viva España!
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31 Marzo 2007
El Partido Popular necesario (Joaquín Calomarde)
(Opinión)
España es un país democrático de la Unión Europea. Todos los gobiernos de la democracia, incluidos los del Partido Popular, han contribuido a lograr el actual grado de modernización y desarrollo democrático de la sociedad española, que, a fecha de hoy, es tan elevado o más que el de cualquier otro país de Europa. En consecuencia, y quiero que sea mi primera afirmación, es evidente que el grado de crispación de nuestra vida pública no se corresponde con ese nivel de desarrollo democrático de la sociedad española; es anterior a la democracia, no encaja en ella, ni tiene por qué hacerlo, y violenta la estabilidad, no sólo del sistema institucional, sino del desarrollo y la bonanza económica que una democracia moderna precisa, sustentada siempre en la estabilidad del sistema. Ciertamente que haríamos mal si juzgamos que sólo el Partido Popular es el responsable de esta situación. No es así. Y juzgaríamos todavía peor si afirmáramos lo contrario: que sólo Zapatero puede lograr con sus equívocos o errores tamaño dislate político y social como lo es la creciente crispación de la vida social española.
Al ser España una sociedad modernizada, en la que todavía cabe trabajar y ahondar todos juntos, encaja con dificultad aquellas actitudes que son premodernas. Son éstas las que tienden por su propia definición a desencajar el Estado, a malbaratar las conquistas democráticas y a confundir valor y precio, es decir, adversario con enemigo y consigna política con batalla civil. En nuestro país sobran los extremistas, los hooligans, tanto en la izquierda como en la derecha; pero obviamente, yo quiero hoy referirme a mi casa, al Partido Popular, y, en virtud del propio mandato constitucional contenido el artículo 67 de nuestra Constitución en su apartado segundo, lo hago sin someterme ni sentirme ligado a mandato imperativo alguno. Elegido, ciertamente, en una lista electoral cerrada, ello no es óbice para que un diputado del Congreso represente justamente al pueblo español en su conjunto y sólo a él debe su labor, sus aciertos y sus errores.
España precisa un centro-derecha moderno; un Partido Popular centrado, moderado, libre de complejos del pasado; abierto a la modernización real de la sociedad española, que él ha contribuido a consolidar, y sin miedos ni perversiones mayores que las lógicas en la confrontación política parlamentaria. Un Partido Popular que valore, sobre todo, su profundo sentido del Estado; es decir, que no colabore en estrategia alguna, y mucho menos la impulse, que busque, consciente o inconscientemente, ganar el Gobierno aun pagando el impagable precio de desprestigiar siquiera subrepticiamente la excelencia del sistema institucional de la democracia española.
Yo no digo que esto suceda hoy de ese modo radical; pero sí afirmo que hay una tendencia clara en sectores del Partido Popular hacia ese modo de hacer, o mejor, deshacer la política democrática. La democracia es un sistema de pesos y medidas institucionales que neutralizan la violencia, por un lado, y la transforman en legítima defensa del interés propio reglado por la universalidad de la norma y el principio de legalidad emanado de la universalidad de sufragio. Semejante forma de ver las cosas, y de entenderlas, evitaría de suyo, y en un momento, que la crispación creciente provocada en la sociedad española por la actuación arriscada y casi propicia al antisistema por parte, insisto, de sectores concretos del Partido Popular cesara de inmediato. Casi tanto como contribuiría a engrandecer nuestro clima político, el que el señor presidente del Gobierno explicara y asumiera públicamente en el Congreso de los Diputados el alcance de su política, las intenciones que la orientan y que deben ser siempre públicas, en este casi final de la legislatura.
La democracia es, de hecho, un régimen de opinión pública y ésta no puede estar sometida todos los días a un auténtico boomerang político que se retroalimenta sustentado en la crispación política, en la ausencia de grandes acuerdos entre los partidos en asuntos capitales para la pervivencia del Estado y el crujir de huesos y llanto de cementerio propio de la peor tradición política española, aquella que no sabe para qué intervenir en política, ni entiende en el corto y medio plazo para qué hacerlo.
España precisa, pues, un centro-derecha liberal medido, prudente, capaz de plantear a la sociedad española medidas oportunas que lleven ilusión y sentido del futuro a una sociedad plural y compleja como la española; un Partido Popular que crea verdaderamente en el ideario liberal, que espere que los españoles compartan el mismo mayoritariamente como mejor y más cercano a la resolución de sus problemas y necesidades que las recetas socialdemócratas. En cualquier caso, entre las proclamas liberales y el socialismo liberal no puede abrirse, día a día, el foso de un abismo infernal y profundo que parece querer tragarse los equilibrios democráticos y constitucionales por segundos. Esto es claramente un disparate. Y debía ser materia clara de reflexión tanto para el Partido Popular (que es gobierno en siete comunidades autónomas y miles de ayuntamientos, por tanto nada más alejado del contrapoder o la política antisistema) como para el Partido Socialista, que no debería buscar ventajas, posibles o reales, con una política de ostracismo del Partido Popular sea cual fuere el inicial intérprete del aria.
Es en el centro político donde se dirimirá en el futuro electoral inmediato el próximo Gobierno de España. El Partido Popular tiene que estar en esa posición política concreta: el centro reformista, moderado y liberal. Ahí debe librar su batalla electoral y no en el extremo de ningún sitio. Y ahí le debe esperar el Partido Socialista, que no es un enemigo a batir, sino un adversario, un igual, un "par" al que ganar, si es posible, las elecciones.
Un último apunte: al señor presidente del Gobierno hay que exigirle claridad y lealtad con la oposición en lo tocante a la política antiterrorista. Y debería rectificar si ello, por su parte, no ha sido así en algún momento del proceso político en curso en la presente legislatura. Al Partido Popular que necesita España se le debe exigir al unísono un medido, por complejo que pueda parecer en este momento, acercamiento y acuerdo en la política antiterrorista con el Gobierno de España. Eso es lo que, sin lugar a dudas, demanda la prudente, pragmática, moderna y sensata sociedad española, que asiste, sin duda, alarmada a la constante batalla entre los dos grandes partidos en lo que constituye una de las políticas capitales de nuestra democracia: terminar entre todos desde la ley y el Estado de derecho con el terrorismo etarra.
Ni el Partido Popular es un grupo extraparlamentario y antisistema, como algunos interesadamente quieren hacer ver, ni el Gobierno y el partido que lo sustenta, un reducto de radicales antiespañoles. Esto es una peligrosa y grotesca tergiversación de la realidad española que no puede ser entendida por una sociedad libre y plena de confianza en sí misma como es hoy día la sociedad española.
Hay que hacer el mayor esfuerzo político, personal, social y colectivo por restaurar en nuestro país la concordia y la convivencia cívicas, y a ello debe contribuir de manera decisiva, en el inmediato futuro de España, el Partido Popular que los españoles merecen y al que tienen legítimo derecho democrático.
(fuente: clic aquí)
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29 Marzo 2007
20 bolsos (Maruja Torres)
(Opinión)
Carácter más estilo igual a destino. Un día u otro, a Zaplana lo íbamos a descubrir. Y no me refiero a que haya incurrido en delito -eso hay que probarlo- al dedicarse a la entrega masiva de regalos durante su etapa como ministro popular del Trabajo. Lo que sí está documentado es su pésimo sentido de la orientación a la hora de realizar compras y su desproporcionada compulsión por las cenas. E incluso su falta de instinto para establecer prioridades. Porque como se entere el rey de Marruecos de que a don Eduardo le costó una comilona en Horcher bastante más que los gemelos de oro que Su Majestad recibió como obsequio, va a poner al de Cartagena en cuclillas mirando a Arabia. Por otra parte, ¿no incurrió en redundancia al ofrecerle al Papa un cáliz, que ya debía hallarse el santo hombre hasta las heces de tanta platería sacra? ¿No habríamos quedado mejor brindándole unas chancletas procedentes de nuestros levantinos talleres, tan necesarias para alguien que permanece en pie parte del día, ceremoniando?
Tremenda monotonía, la del ir y venir de adquisiciones. Joyería Gracia, Suárez, Loewe, Hermes... Comprendo que cuando se halla uno entre muebles nobles de despacho y con la masa encefálica encerrada en el cajón más alto del armario político, uno no tiene tiempo ni ganas para salir de compras y sumar hallazgos, eso que las mujeres sabemos hacer casi por instinto; y que uno recurra a sus suministradores de cabecera, perdiendo así la oportunidad de controlar el euro público adquiriendo delicadezas más apañadas de precio, quizá en el apartado de ¡gangas! También entiendo -no hay más que verle- que experimente una debilidad por las corbatas y por los echarpes de seda, y que conozca a gente que usa cosas como "lalique lirio florero" o "centro azucarero de mesa", todo ello procedente de joyería, así como tarjeteros de plata y otras chilindrinas.
El problema no es que él conociera y obsequiara a personas dadas a solazarse con semejantes objetos. El problema es que nosotros, el pueblo soberano, ignoramos quiénes son. ¿Dónde se encuentra el peligro, dónde está la amenaza? ¿He de dedicarme a identificar personalmente a las receptoras de los 20 bolsos de becerro que compró a la vez?
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servido por Basilio
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