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2 Abril 2007

Cuba como recurso insoportable

Cuba como recurso insoportable (Carlos Carnicero)

(Opinión)

Como Miguel Ángel Moratinos está de visita oficial en La Habana, se ha constituido la excusa perfecta para que el PP, y muy en concreto un aspirante a dirigente que se llama Jorge Moragas, nos den la tabarra durante unos cuantos días con el tema recurrente del sistema político cubano. Es una pena que Moragas y los demás no se hayan percatado todavía que en la bahía Guantánamo, territorio cubano bajo dominación norteamericana, existe un campo de concentración al margen de los derechos humanos, de las leyes internacionales e, incluso, del sistema penal norteamericano, que fue visitado por policías enviados por el Gobierno de José María Aznar para participar subrepticiamente en los interrogatorios de quienes allí están secuestrados. Solo es un problema de doble moral porque los derechos humanos son en ocasiones solo munición para el ataque político y no elemento esencial y universal de las propias convicciones.

Cuba es objeto de deseo en la confrontación nacional porque también tiene los ingredientes esenciales para que el odio sea rentable: Cuba es algo próximo, muy próximo; simboliza la nostalgia que encierra toda pérdida de lo que se consideraba propio y, además, sus factores ideológicos proporcionan la coartada perfecta para el ensañamiento civil entre ciudadanos de un país que no terminan de soportarse.

Tengo una muy especial relación con Cuba, que es mi segunda casa o quizá mi primera patria, ya que España se niega sistemáticamente a permitirme interiorizarla como tal. Digo esto porque envidio estos días a los franceses de izquierda que por lo menos discuten el derecho que tienen -y también la obligación o al menos la conveniencia- de envolverse en su vieja y republicana bandera tricolor para salvarla del secuestro que hace de ella la derecha xenófoba, racista e impertinente. Nosotros, en España, también utilizamos la bandera nacional como instrumento de diferencia y la derecha, que es mucho más astuta que la izquierda, ya se la ha robado al conjunto de los españoles para hacerla exclusiva mientras la izquierda rebusca banderas republicanas en los baúles de la memoria recompuesta para una monarquía que no termina de interiorizar.

Cuba simplifica la adaptación de mis emociones porque la bandera nacional lo es para todos los cubanos: para los de fuera y para los de dentro con excepción de los que han elegido ser norteamericanos por conveniencia. En Cuba oigo el himno nacional y veo izar la bandera y no siento amenaza sino proximidad porque tengo la certeza de que dentro de veinte años seguirán las cosas igual si el enemigo, que siempre es exterior, no progresa.

Cuba me proporciona dolores de cabeza porque tiene mi voluntad atormentada por la indecente injerencia norteamericana, que es la excusa o razón que esgrime el régimen cubano para la situación de guerra en la que las libertades de sus ciudadanos son instrumento de la defensa nacional.

Ahora parece que Fidel Castro se recupera de una gravísima enfermedad que le hizo delegar y traspasar sus poderes a su hermano Raúl que está haciendo un esfuerzo de institucionalización y ordenación del país: el requisito imprescindible para cualquier transformación.

Sumergida Cuba en una situación de cierta excepcionalidad, parece razonable que España se desplace simbólicamente a La Habana, no para provocar confrontaciones, sino para ofrecer colaboración. Ocurre que, por los menos, da la sensación de que al PP no le interesan los cubanos sino como munición para erosionar al gobierno. Es algo parecido a lo que sucede con el terrorismo. Cuba y ETA forman parte del universo que estrella el PP contra el Gobierno sin que se pueda percibir ninguna apuesta por la desaparición de ETA ni por la transformación de Cuba. En este asunto, el partido de Mariano Rajoy y los lobbies cubanos de La Florida necesitan a Fidel Castro y no les interesa su desaparición porque forman parte de la coartada de sus recursos dialécticos.

Miguel Ángel Moratinos viaja a La Habana para decir que la vieja metrópoli está en disposición de colaborar en la creación de una situación que permita a los cubanos decidir por sí mismos. Es un mensaje en dos direcciones: para el Gobierno cubano pero también para el norteamericano, que deberían empezar a interiorizar que los tiempos en los que sus injerencias en Latinoamérica y el Caribe eran posibles están ya en las páginas de la historia.

Tal vez si Moragas se mirase una mañana en el espejo y repitiese despacio, como para aprender a pronunciarlo: “Estados Unidos no puede decidir el futuro de los cubanos”, poco a poco podríamos soportar sus diatribas antiguas, de la época de la Guerra Fría. Hoy, sin ese requisito tan sencillo frente al espejo, el viejo discurso del PP resulta sencillamente agotador.

(fuente: clic aquí)

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Basilio Pozo Durán. Soy un chico de 22 años. Vivo en Granada (Andalucía, España). Estudio Filología Hispánica. Me gusta escribir, la literatura, la música (flamenco y cantautores), el cine (español y latino), el teatro. Ideológicamente me considero de izquierdas, progresista y me considero solidario y concienciado, parte de un todo. Mi compromiso eres tú. Para escribirme: kpiensasd@yahoo.com

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