Declaración de la Parroquia San Carlos Borromeo, "Reunidos en nombre del Señor" (2)
Declaración de la Parroquia San Carlos Borromeo, "Reunidos en nombre del Señor" (Asamblea Comunitaria, Madrid)
(Declaración reflexionada, comentada y aprobada en asamblea comunitaria)
No es difícil descubrir, tras la decisión de cerrar nuestra parroquia de San Carlos Borromeo, una peculiar concepción teológica:
- La autoridad eclesiástica se considera aparte y por encima de la comunidad y, por tanto, como autónoma y válida por sí misma.
- La persona es a natura corrupta e impotente para el bien.
- La persona y toda la realidad creada se desenvuelve bajo dos dimensiones: una profana y otra sagrada.
- La sanación, realización, santificación y gobierno de la persona no es posible sin la mediación de los ministros sagrados, depositarios y portadores de la verdad, de la santidad y del gobierno.
En el fondo, hay una desposesión de la santidad o bondad ontológica de la persona, de sus capacidades innatas para actuar con reflexión, libertad y responsabilidad y, lógicamente, una desconfianza radical en sí mismo y una dimisión de sí en otras instancias externas que le aseguran lo que por sí mismo no podría adquirir.
Este pensar sostiene en incolumidad el valor sagrado de la autoridad, la dependencia total de ella, y la justificación de toda suerte de arbitrariedad y despotismo. Naturalmente, nada de esto casa con lo que dice el concilio Vaticano II: “La personal dignidad y libertad del hombre no encuentran en ninguna ley humana mayor seguridad que la que encuentra en el Evangelio de Cristo , confiado a la Iglesia. Pues este Evangelio proclama y enuncia la libertad de los hijos de Dios, rechaza toda esclavitud, respeta como santa la dignidad de la conciencia y la libertad de sus decisiones, amonesta continuamente a revalorizar todos los talentos humanos en el servicio de Dios y de los hombres. Y, así, la iglesia proclama los derechos humanos y reconoce y estima en mucho el dinamismo de nuestro tiempo, con el que se promueve estos derechos por todas partes” (GS, 41) .
A la hora de discernir la validez y oportunidad de esta decisión eclesiástica, nos proponemos seguir fieles al Señor y a los hermanos, guiándonos por los siguiente principios:
1.- Volver a Cristo, norma fundante y fundamental de la Iglesia
El Vaticano II decretó la renovación. Sin renovación la iglesia languidece y se ancla estéril en el pasado. Pero la reforma en la Iglesia no es posible sino es volviendo a Jesús. No hay más futuro para la Iglesia que el que viene de Jesús. La Iglesia sólo fue grande cuando ensayó humildemente el seguimiento de Jesús. Para discernir lo que es abuso, desviación o infidelidad en la Iglesia no tenemos más medida que el Evangelio. Muchas de las tradiciones establecidas en la Iglesia pueden llevarla a un verdadero cautiverio.
Con gran acierto, el concilio volvió a recordarnos que la Iglesia no tiene más centralidad que la persona de Jesús. Y si ella pretende seguir a Jesús, no tiene si no seguir contando al mundo lo que ocurrió con Jesús, proclamar su enseñanza y su vida. Jesús no fue un soberano de este mundo, no fue rico, sino que vivió como un aldeano pobre y, por su programa, -anuncio del Reino de Dios: dignidad, igualdad y emancipación de los más pobres- fueron los grandes de este mundo ( imperio y sinagoga) los que lo persiguieron y eliminaron. Su condena a morir en la cruz, arrojado fuera de la ciudad como a un estercolero, es la muestra suprema de su incompatibilidad con los señores de este mundo. Destrozado por el poder, es el siervo sufriente, imagen de otros innumerables siervos, derrotados por los que gobiernan y se hacen llamar señores, pero acreditado y resucitado por Dios mismo.
2. Volver a una Iglesia anunciadora del Reino y servidora
“La Iglesia recibe la misión de anunciar el reino de Cristo y de Dios e instaurarlo en todos los pueblos” (LG, 5). Lo que Dios desea para el mundo, en perspectiva cristiana, lo ha hecho manifiesto a través de Jesús. Y la Iglesia, si algún encargo tiene, es el de manifestar lo hecho por Jesús. Nunca la Iglesia es meta de sí misma. La salvación viene de Jesús, no de la Iglesia. Nunca ella tuvo otro Señor.
Cristo mismo no se anunció a sí mismo ni se predicó a sí mismo sino al Reino. La Iglesia, discípula y seguidora suya, debe hacer lo mismo. Su vocación es servir, no dominar: “Sirvienta de la humanidad”, la llamaba el Papa Pablo VI. Este servicio lo hace viviendo en el mundo, sintiéndose parte del mundo y en solidaridad con él, pues “el mundo es el único tema por el que Dios se interesa”.
(El martes 3 de abril a las 11h. se ha convocado a todos los medios de difusión y comunicación, en la parroquia San Carlos Borromeo de Madrid, para informar públicamente de cómo ha sido el proceso de comunicación del cierre de la parroquia y alternativas propuesta de cara al futuro. Para más información: sancarlos@borromeo.e.telefonica.net)
(fuente: clic aquí)

vaticinus dijo
Desde nuestra Comunidad de Cristianos Libres y comprometidos estamos en contra del cierra de esa parroquia madrileña y así se lo hemos hecho saber al Cardenal-Arzobispo de Madrid.
Un golpe de báculo no es lo más apropiado en estos tiempos de incertidumbre y laicismo a marchas forzadas.
El Evangelio de Jesús e slo primordial y más inmediato, y eso e slo más contrario que la jerarquía eclesiástica está estableciendo en todo el mundo católico.
Desde nuestros grupos comprometidos con los pobres y marginados damos nuestro apoyo incondicional para EL NO CIERRE DE ESA PARROQUIA.
saludos
Vàticinus2
2 Abril 2007 | 08:45 PM